Siempre
tuvo una vida medianamente cómoda, sus padres fueron lo suficientemente atentos
para cuidar de él y cada una de sus necesidades, a pesar de lo frívolas o
superfluas que fueran, siempre trataron de atenderlas en la medida de lo
posible aunque de alguna manera, eso cambió según fue cambiando el tiempo ya
que la vejez habla un idioma muy diferente al momento de crear planes, pues
hace a los humanos más lentos y proclives a ciertos inconvenientes de la vida,
como una muerte temprana. Habían pasado ya 3 días desde el funeral de sus
padres, Gustavo, su único hijo, era la solitaria alma que habitaba esa casa que
por tanto tiempo fue un jolgorio de voces y actividad, ahora tenía ante él un
documento muy importante, que le diría donde se guarda y consigue la pequeña
fortuna que sus padres se esforzaron tanto por conseguir para que algún día su
único hijo fuera capaz de aprovecharla; con sus temblorosas manos abrió el
envoltorio donde estaba la carta, y una vez pudo ver su contenido, comenzó a
leer en silencio y muy despacio, sin omitir ningún detalle por nimio que
parezca, su mirada parecía un sabueso que buscaba desesperadamente a su presa,
identificando trampas y eludiendo otras, sorteando obstáculos a diestra y
siniestra, cuando estuvo seguro que no había ninguna estratagema o treta en ese
documento, movió lentamente su cabeza hacia atrás y suspiró. Esta debe ser una
especie de broma de mal gusto, pronunció mientras trataba de comprender por qué
unas personas como sus padres podrían escribir algo tan ridículo como lo que
acababa de leer, para aumentar su indignación repitió una parte del documento
en voz alta “ solamente logrando la compañía adecuada, cuando sientas que dejas
de ser miserable y vuestro espíritu se llene de un confortable calor, serás capaz
de encontrar lo que nosotros te hemos guardado, pues si no hay otra alternativa
que aceptar tu miseria, hay otra solución, que se encuentra en el lugar donde
nunca esperarías una solución”.
Gustavo ya no era capaz de acallar su enojo,
¿cómo sus padres pudieron escribir algo tan confuso como eso? Él no creía que
solamente sea una manera de hacerlo perder el tiempo, algo de significado debía
de tener, pero no era capaz de encontrar ese significado, aunque si era capaz
de entenderlo de manera literal significaría que necesita compañía, y como él
sabía que no era gay, tendría que ser una mujer, pero de esa manera se entra a
otro problema que Gustavo no quería volver a repetir. Hace muchos años, incluso
antes de que sus padres murieran, la soledad era su única compañera, de alguna
manera nunca pudo encontrar a una mujer que lo hiciera sentir cómodo y peor
aún, tampoco era atractivo en lo absoluto, respecto a su personalidad, era una
persona fría y algo calculadora, pues nunca fue muy sociable y se dedicó la mayor
parte de su vida a salvar su pellejo cosa que le terminó por pasar factura, una
muy larga y cara, incluso en su “mejor” momento, fue capaz de tener amigas,
pero en una misoginia auto-adquirida no era capaz de tomarlas en serio, salvo
una excepción, pero solamente se transformó en una de sus mayores decepciones
en lo que respecta al trato con las demás personas, luego de ese evento tan
fatídico, decidió que relacionarse con los demás no era lo suyo.
Así que continuo con la segunda parte de ese
enredado acertijo, y solamente pensaba en un lugar que calzaba perfectamente
con la descripción, “si eran mis padres, debe estar allá atrás” pensó él
dirigiéndose hacia la parte trasera de su casa, en el lugar donde guardan la
leña para los gélidos inviernos, ese era el único lugar donde nunca se le
ocurriría encontrar o buscar algo, solamente debía ser ahí; nada más entrar,
algo llamó su atención: a pesar de la existencia de un pequeño montón de leña,
no era capaz de ver más allá, pues la posición en la que siempre estuvo era
ocupando todo un sector de la despensa, pero según recuerda él, nunca fue capaz
de ver ese rincón donde – de acuerdo con su memoria – siempre hubo leña de
algún modo u otro. Sus padres nunca fueron personas que podrían catalogarse
como “maestros del engaño”, eran más bien una pareja de risueña gente de
modales provincianos, donde la palabra empeñada y la honestidad eran monedas de
cambio casi universales, así que la respuesta al problema que aquejaba a
Gustavo debía estar en ese lugar, buscó en la misma despensa en una pequeña
caja donde se encontraban los utensilios de trabajo, había una cuerda pequeña,
un martillo, un destornillador, muchas llaves inglesas de distinto tamaño y
unos guantes de trabajo viejos y sucios que sacó sin preámbulo para usarlos a
pesar de su nefasto estado, cuando fue capaz de colocarse el par de guantes
(aunque le quedaban un poco holgados), comenzó a retirar rápidamente leño tras
leño, desde la punta hasta la base retiró cada pedazo de madera y lo dejó
detrás de él aunque dejando el espacio suficiente para poder salir una vez
terminada su tarea, cuando por fin pudo ver con claridad el fondo de la
despensa, su asombro fue mayúsculo al descubrir un pequeño baúl de mimbre,
presa de su curiosidad se acercó cada vez más hasta estar al frente del baúl
para darse cuenta que tenía un pequeño candado que no estaba cerrado, pensando
en la posibilidad de que alguien sacó el contenido en algún momento, abrió
rápidamente el baúl para encontrarse con unos objetos muy peculiares, era una
botella de vino tinto de hace cuatro décadas y un pequeño frasco con un polvo,
cuya etiqueta se leía “estricnina”. “No podían ser más directos” pensó Gustavo
mientras sacaba el polvo de la botella y el frasco para llevarlos dentro de la
casa.
Sentado en la mesa de la cocinamirando fijamente los dos objetos, comenzó a drescubrir ese enigma que quedó en punto suspensivo en algún momento de su vida "viviré hasta encontrar una razón por la que vivir" retumbaba en su cabeza lo vacío y supefluo de aquella frase, pero empezó un lento conteo de su actuar "es el ocaso de mi vida, estoy solo, las dos personas más cercanas a mi han fallecido, las personas que consideraba amigos ya están muy lejos y ya han pasado casi cuatro años desde que mi antigua confidente me traicionó, además odio profundamente en lo que trabajo" luego de terminar de hablar solo, buscó un destapa corchos y abrió torpemente el vino, buscó una copa en la estantería de cristal y la poso sobre la mesa, antes de cualquier cosa, le intriga el hecho que la etiqueta del vino estuviera suelta en la punta, al tomarla y voltearla hacia el lado opuesto, en la leyenda ponía con una letra casi garabateada "Alea Iacta Est" tomando aire y dando un suspiro dijo en voz alta "Nunca en mi vda ese aforismo latino estuvo tan acertado como ahora". Tomó el frasco e introdujo todo su contenido en la copa, para luego verter el vino sobre la misma, con una cuchara revolvió el contenido para que se disolviera rápidamente, admiró ese mortal brebaje por unos cinco minutos, para luego exclamar " oh! el pérfido ocaso de los imperios no terminará jamás!" acto seguido, bebió la copa de un golpe, era la primera vez en mucho tiempo que bebía algún tipo de alcohol, mientras esperaba el advenimiento de su efímero final, pensaba en sus antiguos amigos, las cálidas reuniones familiares, los días de invierno alrededor de la chimenea, esos dichosos momentos de alegría en el regazo de una doncella, de pronto, comenzó a sentir que el aire no era suficiente, su cuerpo se movía por sí solo, su espalda se arqueaba en un ángulo el cual nunca imaginó, trató de arrastrarse por el suelo, pero no había nadie que pudiera detener su padecimiento, de un segundo a otro su mente se volvió etérea y el dolor desaparecía, de la misma manera, sus sentidos se apagaban y su cabeza dejaba de transmitir ideas, de pronto, dejó de moverse para quedarse muy tranquilo mirando el cielorraso, su última expresión denotaba una siniestra felicidad. Murió sonriendo.
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